Cultura en el Mundo N°3


Afirmar que escribir es un desafío no es algo novedoso. Sentarse ante la hoja en blanco y pensar una situación, personajes, un desarrollo, en fin, tener algo que decir, es exponerse en cuerpo y alma. Es decidirse a mostrar todos nuestros errores y manías y, con suerte, desnudar alguna virtud en el camino. Sigue leyendo

Ni una sola nube en el cielo (Tercera parte)


III

Caminamos durante una hora. Después de varios minutos en silencio, comenzó a asentir con la cabeza como si se hubiera convencido profundamente de algo que llevaba madurando en su mente un largo tiempo.

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Ni una sola nube en el cielo (Segunda parte)


II

– ¿Recuerdas cuando te trajeron aquí? – preguntó.

– Sí, el 21 de junio del 2049 – dije – Era un lunes.

– ¿Y recuerdas lo que me dijiste aquella noche?

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Ni una sola nube en el cielo (Primera parte)


I

Levantó un brazo y señaló un punto en el cielo azul.

– La nave continúa allí, ante nuestros ojos las veinticuatro horas, como un recordatorio permanente de su presencia entre nosotros. Seguramente recuerdas el día de su llegada, ¿verdad?

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Un sueño de más


“Cuando nos despertamos del más profundo sueño, rompemos la telaraña de algún sueño. Y, no obstante, un segundo después es tan delicado este tejido, que no recordamos haber soñado”

Edgar Allan Poe, “El pozo y el péndulo”

Tengo un sueño recurrente, que no consigo arrancar de mis noches. Apoyo la cabeza en la almohada y sé que entraré en él en cualquier momento. A veces se presenta enseguida, otras cuando creo que ya no vendrá. Pero siempre lo hace. Sigue leyendo

Viejo


El viejo paraba en la esquina de casa. Lo había visto por primera vez en el barrio casi un mes atrás, medio escondido detrás de un contenedor. Apenas parecía tener fuerzas para mover las ruedas de su silla, así que avanzaba tan lentamente como un caracol. Sigue leyendo

La casa en orden


Terminé de lavar los platos y miré los cubiertos que reposaban sobre un trapo en la mesada. Comencé a secar un cuchillo y me detuve a contemplar mi reflejo distorsionado.

Siempre me fascinó la capacidad de las superficies reflejantes para transformar las cosas tal y como las conocemos. No se trata de una determinación consciente del objeto, sino de una condición inherente a su naturaleza. ¿Sabe el cuchillo que devuelve una realidad que no es? ¿Lo saben los espejos? No, y creo que si lo supieran no dejarían de hacerlo. Sigue leyendo