Ni gloria, ni patria

Durante un partido del Mundial de fútbol que se juega en Brasil, un tipo mordió a otro. Sí; un tipo mordió a otro y por ello fue severamente castigado por el organizador, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA).

El que el ser humano mordedor fuera uruguayo generó una irritación del “pueblo futbolero charrúa” con la FIFA. Bares, veredas, esquinas, oficinas, salones, peluquerías, bocas de pasta base: cualquier lugar con oxígeno fue sede de extensas y acaloradas discusiones acerca de la “injusticia” del organismo para con nuestro compatriota.

Las redes sociales, ambientes fértiles para el verso, se convirtieron en escenario de encendidos discursos vinculando al fútbol con la patria, la identidad y cosas del estilo.

“Nos tocan a uno y nos tocan a todos”, dijeron.

“No puede ser, nos van a escuchar”, clamaron.

“Los uruguayos unidos vamos a mostrarles quiénes somos”, juraron.

Un mes antes, la selección uruguaya femenina de handball junior debió salir a mendigar públicamente U$s 85.000 para poder viajar a su Mundial. No soy seguidor del handball femenino, tíldenme de demagogo, pero tanta repercusión popular por un lado y tanta indiferencia por otro…

 

I. Dientes, miradas y plata

Cuando la mordida se convirtió en un tópico de conversación tan sofocante y reiterado que parecía que más nada se podía agregar, un amigo publicó en Facebook algo que decía más o menos así:

“¿Me parece a mí, o recién nos damos cuenta de que existen organizaciones mafiosas como la FIFA?”

Al leer esto, lo que era una sensación se tornó un pensamiento y el pensamiento casi adquirió forma física, muy parecida a una bocanada de aire fresco.

Entre tanto clamor exacerbado por justicia y patrioterismo barato, parece haber personas dispuestas a mirar más allá del escándalo y a observar esos detalles que no hacen interesante a ninguna discusión de boliche, pero que sí aportan a la consolidación de una sociedad más inteligente, comprometida y consciente de los tejes y manejes del poder.

Pueden llamarme “amargo”, “aburrido” o “viejo” (como ya lo han hecho), pero una vez conocido el castigo del mordedor y ante las diversas teorías conspirativas de propios y extraños, mi rostro fue ocupado por una expresión de “¿de verdad alguien se sorprende?” y mi mente se fue a reconsiderar el espectáculo del balompié y los hilos que lo mueven. Y, vaya sorpresa, terminé pensando en plata.

Mientras la indignación de muchos uruguayos pasa por la integración de no-se-qué comité de disciplina con no-se-qué mérito, finalidad o competencia, y la respuesta a todo es el miedo de los brasileños a revivir un partido jugado hace 64 años atrás, hay un grupo de personas que se está llevando la plata a paladas.

Según mi escasa experiencia de vida, los humanos no manejamos bien determinadas situaciones. Habitualmente detestamos que invadan nuestro espacio y que nos quiten lo que es nuestro. Y que se metan con nuestras mamás.

Si sentimos como un ultraje la suspensión desmedida de un jugador de fútbol, también deberíamos ofendernos cuando los que nos ultrajan se forran de guita al mismo tiempo. En términos poco académicos, la FIFA es el viejo degenerado que nos toca el culo y nos mete la mano en el bolsillo mientras se chuponea a nuestras madres, cuando nos rasgamos las vestiduras pidiendo justicia por un tipo que muerde a otro jugando a la pelota.

viejo verde

Enjoy the game!

II. Números más números

Visto lo visto, acá van un par de cositas que no salen hoy en los informativos, y que debemos considerar al pensar en las motivaciones de la ONG más rica del mundo y en nuestra mirada acerca de los hechos de los últimos días.

El Mundial de Sudáfrica 2010 le reportó a la FIFA U$s 2.408 millones por concepto de derechos televisivos y U$s 1.072 millones por concepto de marketing. Y esto es únicamente lo que el organismo rector del fútbol declaró oficialmente.

El Mundial de Brasil 2014 será más redituable. Según su secretario general Jerome Valcke, la FIFA embolsará más de U$s 4.000 millones por este torneo, entre derechos televisivos -entre 60% y 65% del total-, marketing -entre 30% y 35% del total- y venta de entradas. Consultoras externas estiman los ingresos finales en U$s 4.900 millones.

Pero, ¡momento! Brasil ha de llevarse un mordisco de esta torta, ¿verdad? Bueno, en realidad…

La Ley General de la Copa Mundial 2014 exonera a la FIFA y a los patrocinadores del pago de impuestos. Esta ley, votada en 2012 por los parlamentarios brasileños y aprobada por la presidenta Rousseff, establece -entre otras cosas- medidas vinculadas a las marcas que son propiedad de la FIFA.

Bajo la ley del Mundial, un comercio que no sea patrocinador oficial del evento puede vender objetos que digan “Brasil”, pero no otros que digan “Brasil 2014” o que contengan los logos del torneo u otros elementos registrados por la FIFA. Hacer tal cosa significa, lisa y llanamente, cometer un delito.

Estadios Brasil 2014

“…y si miran a su derecha, verán la catedral.”

III. Irrealidad en 4K

Si las cámaras en ultra alta definición de los estadios no registran el dinero que ingresa a las arcas de la FIFA, mucho menos captan lo que sucede fuera de los “campos de juego”.

La Articulación Nacional de Comités Populares, una organización que reúne a movimientos sociales de Brasil de cara a la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, estima que entre 150.000 y 170.000 brasileños perdieron su hogar por causa de las obras para la competencia mundialista. Esto sin mencionar las denuncias por la represión de las fuerzas públicas durante manifestaciones y otros atropellos del estilo, que siguen sin merecer minutos en los noticieros locales. O en el debate del hincha.

Hoy creo que la “injusticia”, el “fascismo” o la “hijoputez” de la FIFA está en el ojo del que mira. ¿Es válido pedir justicia a un organismo cuya finalidad no es impartirla? Debatir esto es, de por sí, una discusión interesante a la que cada vez más personas parecen dispuestas a entrar. Pero no es el punto.

A nivel internacional, las miradas hacia la FIFA son cada vez menos benevolentes. Y si la novela de un tipo que mordió a otro tipo en medio de un partido de fútbol nos ha dejado algo positivo a los uruguayos (si es que tenía que dejarnos algo en absoluto), es el empezar a mirar el bosque en vez del árbol, a ver la luna en vez del dedo. Quizás podamos entender que mientras para algunos el fútbol es diversión, para otros es un negocio.

Ni gloria, ni patria. Plata.

Hasta la vuelta.

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4 pensamientos en “Ni gloria, ni patria

  1. Espléndidamente desarrollado.Una sugerencia, súbelo a Facebook, así también algunos, podrán ver, la importancia desmedida que le dan a los ricos heroes de la pelota, y a los dueños de la mina de oro.
    Felicitaciones y hasta pronto.

  2. Está muy bien Pablo. A mi lo que más me molestó, es que la FIFA sancionó la falta de Suárez, (solo la suya y no la de los demás, que también golpearon a diestra y siniestra). Ahora resulta que le van a “disminuir la pena” por una carta. ¿Conclusión? El objetivo de la FIFA era que Suárez no pudiera jugar el partido Uruguay-Colombia. (Objetivo logrado con creces). Suárez es nuestro goleador, del mismo modo que Argentina sin Messi no habría pasado a los octavos de final. Pero comparto totalmente, la FIFA es una de las instituciones más corruptas del mundo, supongo que Suárez si bien en su momento se sintió mal por la no admisión de él en un estadio, hoy ya lo ha olvidado, él está por firmar un contrato millonario con un cuadro español… Es que yo no entiendo la “pasión futbolera”. Ok, fue el mundial y me prendí, pero listo, se terminó y chau. No entiendo cómo las personas se apasionan VIENDO un deporte. Yo podría apasionarme si estuviera en la cancha. Pero ver de afuera… no me provoca nada. Ni con el fútbol, ni con el tenis.

    • Anna:

      El que la FIFA sancionara de oficio a un jugador y no a otros, a mí entender, habla de intereses ocultos; asumo que económicos. Es muy raro que después de todo, esté a punto de firmar con el que hoy es el equipo más popular del planeta.

      El tema de la pasión es interesantísimo. Decir que es cultural es una obviedad: creo que quizás pase por un sentido de pertenencia y de inclusión del hincha, que no tiene en otros ámbitos de la vida; si el único espacio en que pertenecés a un grupo es en la tribuna de un estadio o frente a la tele mirando el partido, entonces se redimensiona todo.

      Yo fui hincha, fui al estadio, grité por un equipo y me puse su camiseta. Llegó un punto en que no me rendía nada positivo hacerlo, más bien al contrario, y pasé de página. No dejo de ver fútbol, pero la pasión la guardo para otras cosas.

      Gracias por comentar, un abrazo.

Me interesa saber qué pensás. Sí, eso también.

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