Perfume

Carlos dio una pitada larga a su cigarrillo, guardó el humo unos segundos y lo largó sin apuro, formando una densa nube. Sus ojos la siguieron hasta que se disipó. Ahí se volvió de nuevo hacia mí y habló.

– Claro, yo vivo enamorándome de cosas que no están ahí – dijo.

De todos los disparates que había soltado en las horas previas, me pareció uno de los más sensatos. Sin embargo, me costó asimilar ese concepto. Lo miré por encima de las botellas vacías y me di cuenta que se me habían subido las cervezas a la cabeza.

– ¿Eh? – dije.

– Es muy simple. Mirá, una mujer pasa al lado mio, es preciosa, tiene un rostro bien definido, la piel suave, el pelo sedoso y el paso firme, como todas las mujeres que saben que están buenas.  Se aleja y unos segundos después, llega su perfume. Si viene corriendo tratando de alcanzarla o si emana de ella y busca a los que deja atrás para hechizarlos, no lo sé. Sé que entonces y solo entonces, lo siento.

Asentí. Conozco ese perfume.

– Es ese aroma, esa fragancia, la que termina de fijar su imagen en mi ser. No en mi mente, no en mi corazón, sino en mí. Si oliera a otra cosa, a algún perfume de abuela, no sentiría como siento. No puedo estar seguro de eso, pero sí de lo que digo: ese perfume lo define todo. Mi atracción por ella, su impresión en mí, la persistencia de su recuerdo, todo está condicionado por esa fragancia.

perfume extracto 1

Mercedes olía a vainilla.

– Pero que sea esa fragancia, y no otra, también es producto de un condicionamiento, ¿no?

– Exacto – dijo.

Los ojos de Carlos brillaron.

– El impacto de ese aroma es el resultado de un proceso que tiene varios componentes. Por un lado está todo lo que esa mujer es y todo lo que cree que debe ser. Cientos, no, miles de decisiones, la han llevado a verse y a oler como se ve y como huele en el preciso instante en el que pasa por mi lado.

Mercedes leía Cosmopolitan del mismo modo que yo leía las crónicas del partido del domingo: sin creer ni una sola palabra. Despreciaba el champán y se llamaba feliz con un vino en caja. No cortaba flores, no sacaba fotos, no escribía cuentos, pero se empapaba de cada una de sus vivencias y era una amalgama perfecta de todas y cada una de ellas.

Volví en mí y noté que mi amigo seguía en su razonamiento.

– Por otro lado, está todo lo que yo soy y lo que creo que soy. Decenas de años de condicionamiento, desde los colores con que me vistieron para ir al jardín de niño hasta…

Entonces, Mercedes entró de golpe al bar, con sus jeans azules desteñidos y un saco gris de pana, el paso firme, el pelo suelto y los ojos bien abiertos de par en par. De vez en cuando, pestañeaba dos o tres veces seguidas de una manera tal que llegué a convencerme que estaba fotografiando lo que veía.

Pasó por mi lado, se sentó junto a Carlos y lo besó en los labios con la complicidad de los amantes. Me levanté y fui en busca de otra cerveza. Estaba llegando a la barra cuando me alcanzó su perfume.

Mierda, olía muy bien.

•••

“Perfume” forma parte de un combo: pensamiento + cuento.

Si querés ahondar en este relato breve, te invito a leer “Perfume (antes)”

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3 pensamientos en “Perfume

  1. Pingback: Perfume (antes) | Pablo Tassani

  2. ME GUSTÓ; QUIZÁ PORQUE CUANDO ESPERO PARRA CRUZAR LA CALLE Y PASA UN AUTO, SIENTO CLARAMENTE EL PERFUME DE QUIEN VA DENTRO, Y SÉ SI ES DE HOMBRE O MUJER Y ME DEJA MILES DE INTERROGANTES SOBRE QUIÉN LO LLEVA Y SE PUEDEN TEJER CIENTOS DE HISTORIAS…PERO ES MUY FUERTE.

Me interesa saber qué pensás. Sí, eso también.

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