Ni una sola nube en el cielo (Tercera parte)

III

Caminamos durante una hora. Después de varios minutos en silencio, comenzó a asentir con la cabeza como si se hubiera convencido profundamente de algo que llevaba madurando en su mente un largo tiempo.

– Has evolucionado mucho durante nuestras sesiones, así que ha llegado el momento de decírtelo. Hoy elevaré mi último reporte a la junta.

– Ajá – dije.

– Me atrevo a decir que, si todo sale bien, en unos días serás nuevamente un hombre libre.

– No sabe cuánto me alegra escuchar eso.

Evidentemente, decidió que ya habíamos hablado más que suficiente porque se paró en seco. Cuando me di vuelta para verlo, movía los dedos en el aire, como si estuviera tecleando algo en un panel invisible. ¡Dios, estaba muy mal! Más lo pensaba, más pena sentía. Quizás en otras circunstancias podíamos haber sido amigos, hubiéramos caminado por aquel parque conversando sobre la vida o…

– ¿Pero qué…?

Lo miré de arriba abajo tratando de entender lo que había pasado, pero fui incapaz de procesarlo tan rápido como hubiera querido. De improviso, su túnica blanca había cambiado de color. ¿A cuál? Me fue imposible definirlo, ya que visto de un ángulo parecía azul turquesa y desde otro, ocre rojo.

– ¿Decías? – preguntó.

Traté de esconder mi desconcierto lo mejor que pude y negué con la cabeza. No pude descifrar qué pensaba en ese momento, pero tuve la impresión de que su alegría era sincera. Sospecho que me imaginó interiorizando la idea de mi futura libertad.

– Nuestras sesiones concluyen hoy – dijo – Aceptas la presencia y la supremacía de los Eternos, que generalmente es la última etapa de la negación. Entiendo que ya estás en condiciones de reinsertarte en la sociedad. Espero que su aceptación te haga tan bien como a mí.

De pronto, y para mi asombro, comenzó a elevarse, como si una plataforma invisible lo impulsara hacia arriba. Siguió hablando pero sus palabras se volvieron ininteligibles. Lo último que pude comprender, antes de perderlo de vista, fue: “estás curado”.

Esa misma tarde dejé de ser paciente de la clínica. Sin embargo, vuelvo aquí cada vez que puedo, a ayudar a otros como tú a alcanzar la iluminación y la plenitud que yo mismo logré. Antes miraba hacia arriba y no veía ni una sola nube en el cielo. Hoy puedo ver.

Ya te he contado mi historia. Ahora es tu turno.

Mira al cielo y dime qué ves.

Ni una sola nube en el cielo

Ni una sola nube en el cielo (Primera parte)

Ni una sola nube en el cielo (Segunda parte)

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Un pensamiento en “Ni una sola nube en el cielo (Tercera parte)

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