Ni una sola nube en el cielo (Primera parte)

I

Levantó un brazo y señaló un punto en el cielo azul.

– La nave continúa allí, ante nuestros ojos las veinticuatro horas, como un recordatorio permanente de su presencia entre nosotros. Seguramente recuerdas el día de su llegada, ¿verdad?

– Claro – dije.

No había rastros de nubes en el firmamento, mucho menos de una nave espacial. Nunca dejaba de sorprenderme la coherencia y la fuerza de sus visiones. Realmente parecía creer todo lo que decía; lo contaba con una convicción contagiosa. No pude evitar sentir algo de pena por él.

Era un buen tipo, no me cabía duda de ello. Creo que yo también le simpatizaba, porque de vez en cuando solía darme consejos. Caminábamos conversando y de repente comenzaba a hablar en voz muy baja, casi sin mover los labios. Generalmente repetía lo mismo.

– Las señales son claras. Simplemente debes seguirlas. La libertad está en tus manos. Si crees, será tuya.

Y luego volvía al tema que estuviéramos tratando como si nada. Aquellos momentos me recordaban cuánto creía él que lo que veía era real. Me hubiera encantado compartir su seguridad, su certeza, pero luego miraba al cielo y no hallaba rastro de las dichosas naves.

Charlábamos a menudo, tres o hasta cuatro veces por semana en las que daba señales claras de su inteligencia y desvariaba a la vez. Yo solía seguirle la corriente un rato, a veces dejando que él hiciera las preguntas y hablara largo y tendido sobre su realidad. Esos días eran, para mí, bastante productivos porque me permitían estudiar sus reacciones más profundamente.

Hubiéramos avanzado más en la terapia, si no fuera porque siempre llegaba un punto en el que yo decía algo que no le gustaba y cuando eso ocurría se cerraba y dejaba de responder -o preguntar-. Y entonces debíamos empezar de nuevo.

Sabía que las autoridades de la clínica estaban considerando suspender las sesiones; sabía que me quedaba poco tiempo para lograr resultados. Esa tarde él hacía las preguntas y decidí seguir el juego hasta las últimas consecuencias. Decidí “creer” y dejar que lo viera.

Esa tarde lo cambió todo.

Ni una sola nube en el cielo

Ni una sola nube en el cielo (Segunda parte)

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6 pensamientos en “Ni una sola nube en el cielo (Primera parte)

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