El fútbol en Uruguay: guita, gloria y muerte

I

Corre el año 1994. Nacional y Peñarol, Peñarol y Nacional, las dos instituciones más renombradas del fútbol uruguayo, se enfrentan en el Monumento al Fútbol Mundial, el Estadio Centenario. Estoy ahí, sentado al lado de mi padre que hincha por el equipo contrario. Llueve y el clima está caldeado. Peñarol gana 2-1 pero el resultado es lo que menos importa. Todos los presentes tenemos la sensación de que algo anda mal. Al llegar a casa sé por qué. Antes del partido, un joven de 16 años es asesinado por otro de 15. No es la primera persona en morir por fútbol en mi país, ni será la última. No importa por qué equipo hincha uno u otro; la muerte es la misma. Irreversible.

II

Corre el año 2004. Peñarol y Nacional, Nacional y Peñarol, las dos instituciones más renombradas del fútbol uruguayo, empatan sin goles en un partido mediocre. Voy con amigos; hace tiempo que mi padre dejó de ir al fútbol. Aquel juego no quedará en mi memoria por lo emotivo del encuentro, por el buen trato de pelota o por el público entusiasta. Sí lo recordaré siempre porque cinco minutos después de que el árbitro anuncia el final y mientras me alejo hacia mi casa, veo una imagen que me congela. Un desconocido sostiene una baldosa y la arroja contra el pavimento; la parte en mil pedazos, que recoge y comienza a tirar con todas sus fuerzas por sobre mi cabeza.

Ese “clásico” fue la última vez que pagué una entrada por ver fútbol uruguayo en vivo y en directo. Volveré al estadio Centenario tres veces más: una para disfrutar de un concierto, dos para sufrir a la selección de jugadores de una organización que dice representar a mi país, pero no para arriesgarme otra vez en un encuentro local.

III

Corre el año 2012. Salgo a correr, a aprovechar una hermosa tarde de fines de primavera. Voy concentrado en mi respiración, en cada uno de mis pasos, hasta que algo me detiene. Me congela. A unos pasos, un desconocido sostiene una baldosa y la arroja contra el pavimento; la parte en mil pedazos, que recoge y comienza a tirar con todas sus fuerzas hacia un ómnibus de pasajeros. Otro desconocido se aleja del ómnibus y sube a un camión que emprende la retirada raudamente: luego sabré que ese ser humano le disparó a otro por llevar una camiseta diferente a la suya. Una vez recuperado, el herido saldrá en televisión para contar su experiencia, vistiendo la camiseta del club de sus amores.

IV

No puedo decir que no entienda la pasión de muchos por el fútbol. Llegué a él de forma tardía, lo admito, pero no me es ajena la locura que puede llegar a desatar. Me preocupa, sí, la falta de pensamiento crítico que puede llegar a provocar una camiseta. Un pedazo de tela.

En los últimos años me he distanciado mucho del fútbol. Por obra y gracia de los hechos que acabo de describir, por la sensación cada vez más desagradable que me provoca pasar cerca del Centenario un día de partido, por la agresión sin fundamentos que atestiguo día a día en la calle, en las redes sociales, en los foros de Internet, en los comentarios de las noticias, todo por un pedazo de tela de tal o cual color. Pero, por sobre todas las cosas, porque tengo la casi total certeza de que hay una confabulación para que miremos el árbol y no el bosque.

Buscando alguna luz sobre mis inquietudes me crucé con esta reflexión de Alejandro Dolina (inserte su calificativo aquí) sobre la violencia en el fútbol, sobre el odio que se genera entre quienes profesan su admiración por uno u otro pedazo de tela. Una frase me llegó más que las otras, quizás por su verdad, quizás por la elección de sus palabras, quizás porque es domingo y me pongo sentimental.

Toda la industria que está montada alrededor del fútbol se resentiría muchísimo si no existiera ese encono. La violencia es el precio que hay que pagar por la devoción y la devoción es rentable. Si a las personas les importara el fútbol como me importa a mí, mañana se fundirían muchas empresas que deben su existencia al fútbol.

¿Y saben por qué no me importa nada? Porque me harté de que la gente se muriera por esa pamplina*.

Hay una forma fácil de estar de acuerdo con esto. Se trata de decir que sí, de asentir con la cabeza en señal de aprobación, y mañana ir a trabajar y gastar al hincha del que hoy perdió, porque eligió tal o cual pedazo de tela, y ese pedazo de tela hoy “comió”.

V

Vislumbro otra forma más compleja de estar de acuerdo. Se trata de guardar un respetuoso -y respetable- silencio y de observar alrededor hasta hallar esos detalles que en la vorágine diaria nos pasan inadvertidos pero que están allí. Casi anecdóticos, desfilan frente a nuestros ojos entre partido y partido.

Fútbol en Uruguay

  • Mientras los uruguayos celebramos el cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica 2010, la FIFA recaudó 631 millones de dólares. Oportunamente y haciendo gala de un sentido común envidiable, Joseph Blatter, presidente de la Federación, se declaró “el hombre más feliz”.
  • La gestión de los deportistas uruguayos en Sudáfrica fue notable, es cierto. Pero la participación de la selección en aquella instancia estuvo en riesgo, porque la Asociación Uruguaya de Fútbol y los jugadores no se ponían de acuerdo en los premios.
  • Para miles de uruguayos, el cuarto puesto obtenido en Sudáfrica fue, desde el punto de vista deportivo, como tocar el cielo con las manos. Para otros uruguayos, los propietarios de bares y almacenes, fabricantes, importadores y vendedores de indumentaria deportiva y banderas, así como para los propietarios de los canales de televisión, esta sensación fue -si se me permite la expresión- un poco más tangible.
  • La clasificación al Mundial de Brasil 2014 ya es un hecho. El hincha sufrido, que alentó al equipo partido tras partido, hoy festeja y piensa en el sorteo de los grupos. Mientras tanto, los clubes discuten la forma en que se repartirán los 10 millones de dólares que la FIFA pagará por la clasificación. O, mejor dicho, lo que quedará de esa cifra, porque jugadores y cuerpo técnico se repartirán 7 millones de dólares.
  • La Asociación Uruguaya de Fútbol, por su parte, se pierde ingresos millonarios en dólares por un papel firmado con una empresa privada. O, quizás debo decir, cede ingresos millonarios en dólares por un papel firmado con una empresa privada. Hasta la FIFA saca provecho de nuestra historia deportiva.

¿Quiero decir que está mal ser hincha de tal o cual equipo de fútbol? ¿Que está mal pagar una entrada para ver correr a un conjunto de seres humanos detrás de una pelota? No, para nada. Bien o mal son adjetivos que no me creo capaz de poder usar.

VI

No quiero ver a nadie renunciar a la diversión. Porque el fútbol, y vuelvo a las palabras de Dolina, no es sentimiento: es diversión. Pamplinas. Pero para algunos es negocio y eso es algo que no debemos ignorar, y mucho menos olvidar. Lo que pretendo es que tengamos, y promovamos, un mínimo de pensamiento crítico que nos permita -por lo menos- vislumbrar el bosque y evitar que haya gente que muera por pamplinas.

Hasta la vuelta.

* Pamplina: dicho o cosa de poca entidad, fundamento o utilidad.

Anuncios

Me interesa saber qué pensás. Sí, eso también.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s