Aerosmith en Uruguay: efectos secundarios

Aerosmith pasó por Uruguay, ocasionando el revuelo propio de un verdadero grupo de estrellas de rock. Fotos con el Presidente, horas de televisión y radio, hormonas femeninas revolucionadas, miles de curiosos, un pañuelo perdido y, además, un concierto histórico (para nosotros, claro) más una enseñanza para todos los públicos; todo en un par de días.

Hace apenas 24 horas,  el grupo de hard rock Aerosmith tocó en el Estadio Centenario haciendo las delicias de las más de 20.000 personas que llenaron la Tribuna Olímpica de nuestro principal escenario deportivo. Yo no fui, así que no voy a hablar del recital pero sí de lo que el mismo me dejó. Porque es posible aprender de algo que no vimos. O escribir sobre eso. ¿No?

Steven Tyler, Joe Perry y compañía llegaron, conocieron al Presidente, revolucionaron los medios, tocaron frente a miles de personas y se fueron, dejando un rastro de anécdotas para que contemos a nuestros hijos y ellos a sus hijos, y así por toda la eternidad. Pienso en la repercusión mediática de la reunión entre la banda y nuestro primer mandatario, en los halagos de Tyler, en los 42 tangos (¡¡42 TANGOS!!) que Mujica escuchó antes de ir a saludar a ese veterano que cada vez se parece más a una Mariana Fabbiani del futuro.

Steven Tyler después del recital.

La guitarra que Steven Tyler le regaló a Mujica puede ser nuestro “No se vayan, ahora viene Sting“. No tengo dudas.

Amén de todo el alboroto mediático, de la novedad de que nos visitara una banda histórica del rock n’ roll aún en activo, hasta del concierto en sí, creo que podemos extraer un mensaje positivo del paso de Aerosmith por Uruguay.

En los foros de Internet, en los boliches, e incluso en la vida misma, la llegada de la banda a nuestro país dividió a la opinión pública en dos grandes grupos:

1) los que opinan que los de Aerosmith son “unos ladris que vienen a robar la plata”

2) los que opinan que lo que llegó a Uruguay “es un show internacional”

3) los que son fans desde antes de que la banda tomara el nombre Aerosmith, cuando no decidían si llamarse “Los bananas” o “Liv Tyler tiene 359 medio hermanas que son mejores que ella”.

Aspiro a ver por encima de estas diferencias entre compatriotas. Creo que podemos hablar bien o mal de Aerosmith, de Guns N’ Roses o de Los Fatales, pero en una cosa podemos estar de acuerdo: los tipos disfrutan de hacer lo que hacen. Además, les pagan por eso. Además, reciben un montón de beneficios adicionales, como regalos exclusivos, invitaciones a fiestas salvajes llenas de excesos y la posibilidad de moverse a todo lo que camine.

Sí, él puede hacerlo.

Sí, él puede hacerlo.

Pero no es la fama lo que más nos interesa. No es el dinero. No son los excesos.

Nos gusta ver gente disfrutando de lo que hace. La pregunta que surge es lógica: ¿cuánto disfrutamos nosotros de lo que hacemos?

¿Cuántas veces nos comprometemos a hacer cosas que no nos gustan? Cosas que no nos hacen felices, que no nos enriquecen espiritualmente. Estimo, por tu respuesta, que bastante a menudo.

Es por eso que me propongo, desde este mismo momento, hacer todos los días algo que disfrute de verdad. Y te lo propongo a vos también.

Para mí, hoy ese algo puede ser escribir estas líneas. Mañana, sentarme a tocar la guitarra o compartir un rato con amigos. Leer un libro. Escuchar un disco nuevo. Escapar de los horarios, de las obligaciones que el mundo capitalista ha planificado para nosotros. Creo que sólo cosas buenas pueden salir de eso. Porque, además, existe otro elemento: el tiempo.

Hoy hablé con un amigo que sí fue al recital y me dijo algo así como: “Los veía arriba del escenario y no podía dejar de pensar que, más allá de que son unos monstruos, nadie puede contra el tiempo”. Y ese comentario, por la razón que fuera, se me presentó como una revelación. Es innegable que por más rock y noche que tengas encima, el tiempo hace mella y la parca te viene a visitar igual que a cualquier hijo de vecino (¡Hola!).

En ese contexto, mirar hacia atrás y ver que te pasaste la vida haciendo algo que te gusta debe ser una experiencia incomparable. Y eso es, en mi humilde opinión, el mejor mensaje que nos puede dejar el pasaje de la banda de Boston por nuestros pagos.

Y, ah, me olvidaba: se ve que después del concierto los Aerosmith pasaron por mi barrio, porque… Steven Tyler dejó un pañuelo en mi edificio.

El pañuelo de Steven Tyler

Próximamente en Mercado Libre.

Hasta la vuelta.

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