Andar para seguir andando

Ya he dicho que iniciar algo es muy simple, y que el verdadero problema es continuar el camino elegido. En mi caso, me he planteado dos grandes desafíos a corto, mediano y largo plazo: entrenar y llevar adelante este blog. No cabía duda de que las primeras piedras no tardarían en aparecer en este trayecto, y así lo hicieron.

No es este un post sobre excusas, por mucho que sorprenda a los que ya me conocen.  Sí es una breve reflexión sobre los primeros días de un proyecto bastante amplio, que me gustaría compartir contigo.

Sí, puedo

Hay factores externos sobre los que tenemos poco o ningún control. Sin embargo, estoy profundamente convencido de que lo que hacemos con las circunstancias que nos rodean y las cosas que nos suceden definen en gran medida nuestros resultados. En mi caso, el trabajo y algunas cuestiones de salud me llevaron a que, en la tercer semana de entrenamiento, me planteara si seguir o no con el mismo.

Luego de una fallida tercer semana, con dos sesiones de tres y habiéndome desviado de mi plan original, la primer idea fue desistir. El primer mensaje que mi cerebro emitió fue:

“No podés con esto”.

El segundo fue:

“No tiene sentido seguir”.

Es por eso que, en un arranque de voluntad, decidí repetir la tercer semana. Decidí retrasar mi plan siete días para poder completar mi objetivo. No les puedo detallar con palabras lo que significa este gesto para mí; en este momento se me hace la máxima expresión de compromiso conmigo mismo que haya tenido en mucho, muchísimo tiempo.

Vencer esa voz que nos invita a abandonar, que nos dice que no podemos, que no somos lo suficientemente buenos, sabios o aptos, puede que sea el desafío final. También puede que no, pero no cabe duda de que es increíblemente difícil, y es una batalla que debemos lidiar todos los días.

Compromisos y compromisos

En la vida nos pasamos comprometiendo con distintas cosas. Nos comprometemos con el trabajo a cambio de un pago, nos comprometemos con los amigos a cambio de amistad, nos comprometemos en una relación a cambio de la relación misma. Sin embargo, parece extremadamente difícil comprometernos con nosotros mismos.

¿Cuándo fue la última vez que asumiste un compromiso contigo? ¿Que te decidiste a hacer algo por vos, que quisiste demostrarte algo a vos mismo? No a tus colegas, no a tus amigos, no a tu pareja, sino a vos. ¿Cuándo?

Durante gran parte de mi vida, abandonar mis propios proyectos siempre fue una opción. Quizás en una especie de autosabotaje digno de estudio, quizás en un caso de inseguridad de manual; no lo sé, pero abandonarme siempre fue más fácil que comprometerme conmigo y asumir mis desafíos.

Hoy creo que todos deberíamos tener al menos un reto propio. En mi escasa experiencia, plantearnos retos es la mejor manera de mantenernos motivados: observar cómo nos superamos y cómo nuestra lucha rinde sus frutos es el mejor aliciente para emprender otras cosas.

Para algunos es salir a correr, para otros escribir, para vos quizás sea limpiar tu casa. No sé. Lo que sí sé es que todos tenemos algo que nos motiva. Algo que podemos hacer y de lo que podemos sentirnos orgullosos una vez que lo completamos: por más intangible que sea, todos lo tenemos.

En esta etapa de mi vida, me interesa adquirir compromisos conmigo mismo. Creo que pueden ayudarme a alcanzar una mejor versión de mí mismo.

Llegar más lejos

Me costó decidirme a seguir entrenando. Me costó volver a vestirme, calzarme y hacer el esfuerzo. Sentir la agitación, la transpiración, las miradas por la calle. Verme corriendo y sentirme como una hormiga esforzándome por llegar a alguna parte en un trayecto eterno e innecesariamente trabajoso.

Entonces lo entendí. Miré y vi un paisaje nuevo. Entendí que mis pies, mi esfuerzo, me había llevado hasta ahí. Comprendí que estaba cubriendo una distancia impensable para mí apenas tres semanas atrás. Conseguí ver mi logro y sentí la ansiedad de llegar aún más allá.

De vez en cuando me parece saludable replantearme todo. Parar un minuto y pensar dónde estaba antes y dónde estoy ahora. Y sí, muchas veces la primer mirada desilusiona: cambiamos el trabajo, nos distanciamos de los amigos, nos acostumbra la rutina. Sin embargo, y como sucede en tantas otras cosas, el cristal con que nos miremos cambia todo.

 Hoy me doy cuenta que debo valorar cada paso que dí. Y cada paso que doy. Porque cada paso me ha llevado a ser más feliz de lo que nunca pensé que iba a ser. Porque las elecciones que tomé y las experiencias que viví me han llevado a poder contarlas, y eso ya es, para mí, un motivo de felicidad.

Un motivo de felicidad

El blog más largo del mundo

Correr fue el primer desafío que me planteé, y era algo que realmente necesitaba hacer por mí mismo. No por un tema estético, sino por una cuestión de alimentar mi fuerza de voluntad y, de paso, mejorar mi salud.

Llevar este blog fue el segundo reto, y me ha planteado las mismas dificultades que entrenar. Incluso más. Llevar mis palabras al ciberespacio, exponerlas ante millones de potenciales lectores, que haya desconocidos absorbiendo mis pensamientos y desnudando mi ser, es algo aterrador.

Este post que estás leyendo es un récord. Con ocho entradas hasta el momento, este es el blog más largo del mundo. De mi mundo.

¿Te parece que estoy celebrando demasiado pronto? Puede ser. Pero es mi forma de decir:

“Sí, puedo”.

Y:

“Sí, tiene sentido seguir”.

Aunque parezca que nada lleva a ninguna parte, que lo que está más allá es inalcanzable, sí que tiene sentido seguir. Hoy estoy disfrutando este paso, del mismo modo que disfruto volver a casa agotado después de entrenar. Del mismo modo que deberíamos disfrutar de todo lo que hacemos.

En este mundo de consumismo, donde cada vez más nos valoramos a nosotros mismos por cuánto tenemos y nos juzgan por nuestro trabajo, por cuánto nos pagan, por cuánto tuiteamos, por cuántos “me gusta” conseguimos,  nada sigue sin tener sentido si no lo disfrutamos.

Hoy disfruto con lo que hago y trato de hacer más cosas que me hagan sentir bien. Es que no es preciso tener un blog, salir a correr o ser un genio para entender que, al final, lo único que nos queda es haber aprovechado cada paso.

Me voy a seguir andando.

Hasta la vuelta.

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2 pensamientos en “Andar para seguir andando

  1. GUAU…QUE BUENO…SIEMPRE SE PUEDE…SOLO HAY QUE PONER EN FUNCIONAMIENTO LA — VOLUNTAD — PONERLA A MARCHAR SE HACE PESADO, LENTO, LUEGO QUE APRENDEMOS A ENCENDERLA, NO DEJA DE FUNCIONAR…SIEMPRE HAY UNA LUZ EN EL CAMINO,CADA UNO DE NOSOTROS TIENE QUE BUSCARLA Y CAMINAR A ELLA…ESTE ES EL PRINCIPIO DE TU GRAN —LUZ —SI SE PUEDE….

    • Creo que he puesto en funcionamiento mi voluntad, y producto de ello me duele hasta el último músculo de mi cuerpo. Pero estoy realmente contento con la mayoría de las cosas que estoy haciendo.

      Espero que, como decís, estas elecciones que hago (y las que he venido haciendo) me lleven hacia algo bueno. Creo que se puede.

      Beso y gracias, muchas gracias.

Me interesa saber qué pensás. Sí, eso también.

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