Pingbacks y trackbacks: cuando alguien habla de nosotros

Pingbacks. Trackbacks. Like. Share. Tweet. Rate. Reblog. Feedback. Palabras que no significaban nada (o directamente no existían) en la vida pre-Internet, pueden cambiar la existencia de cualquier blogger que se precie de tal (y de aquellos que no, también). Sin embargo, y como sucede con cualquier elemento creado por el ser humano, pueden ser usadas tanto para fines positivos como para hacer el mal.

Por más que queramos inventar mil razones para escribir un blog, en algún punto todos ansiamos que nos lean, que nos dejen un comentario, que nos mencionen aunque sea en el rincón  más recóndito de la web. Algunos lo hacemos más secretamente que otros, pero nadie escapa a este hecho. Podemos llamarle ego, necesidad de aceptación o como queramos, pero es así. Punto.

No pretendo que este post sea un estudio exhaustivo de todos estos términos, sino que simplemente sirva de introducción a algunos de ellos y de reflexión acerca de sus connotaciones.

De pingbacks y trackbacks

En las últimas horas este blog recibió su primer pingback. Dudé, lo confieso. No supe si celebrar que alguien había leído mi blog o temer ser invadido por vendedores inescrupulosos de productos para mejorar la hombría de internautas incautos. Luego de una breve  meditación, me di cuenta que -a pesar de haber visto el término antes- no entendía de qué se trataba; entonces, decidí investigar.

La diferencia entre pingbacks y trackbacks aparece como bastante sutil a la vista, pero sus similitudes acaban tan pronto uno comienza a escarbar (en el mundo de la red esto sería hacer una búsqueda en Google).

La mejor forma de definir a los trackbacks (la mejor que se me ocurrió, en realidad) es la siguiente:

  • Juan escribe un post en su blog.
  • María lee el post de Juan y quiere comentarlo, pero quiere al mismo tiempo que sus propios lectores se enteren de su opinión (sí, María también tiene un blog. Cualquiera tiene uno hoy en día. Sí, soy cualquiera).
  • María escribe un post en su blog, haciendo referencia al blog de Juan y envía lo que se ha dado en llamar un trackback ping a Juan.

Según este ejemplo, el trackback funciona como un método de notificación que permite a Juan saber que María está hablando de su post, y que hace que los lectores de ambos puedan leer los comentarios. La idea es, de alguna manera, generar una relación sana y productiva entre ambos blogs y fomentar la discusión y el intercambio. Esto es, en teoría y de acuerdo a mi propia opinión calificada (por mí).

Los trackbacks, o reenlaces, pueden ser útiles para atraer lectores (por ende visitas) y para el posicionamiento orgánico de un sitio, siempre que sean usados con lealtad. Lamentablemente, la red está plagada de personas con valores éticos cuestionables y dispuestas a lucrar con el trabajo ajeno.

Los pingbacks son otra especie de notificación, que permiten a un autor saber cuando un sitio coloca un enlace hacia el suyo. La persona que recibe la notificación puede entonces aprobar o desaprobar el enlace, de acuerdo al sitio que enlaza y a la voluntad de cada uno, por supuesto.

¿Aprobar o no aprobar?

Aunque trackbacks y pingbacks son métodos útiles y con fines originalmente nobles, pueden ser utilizados con fines maliciosos. Una rápida búsqueda (como la que podés hacer una vez termines de leer este artículo, pero no antes) revela que ambos aparecen indefectiblemente ligados a un término que puede provocar auténtico terror en cualquier blogger o abuela del mundo: el spam.

Recibir un pingback puede ser extremadamente halagüeño: saber que alguien está colocando un enlace hacia lo que escribiste es una caricia al ego muy difícil de rechazar (casi como cualquier caricia al ego). Sin embargo, resulta aconsejable verificar quién está enlazando hacia nuestro sitio porque aquí entran en juego las personas con valores éticos cuestionables.

Para quienes nos gusta escribir y pretendemos desarrollar nuestra habilidad para hilvanar palabras y generar cosas nuevas y originales, las granjas de contenidos son una de las enfermedades más dañinas de las tantas que existen en la red. Yo trabajé para una de ellas y puedo dar fe de que es así (prometo un post al respecto en el futuro).

¿Te pasó alguna vez de entrar a un sitio y encontrar contenido de otros portales repetido sin edición alguna? ¿Te pasó de haber encontrado ese sitio mediante una búsqueda en Google? Si es así, entonces visitaste un sitio que se aprovechó de lo escrito por otro sin ningún prurito.

Básicamente, las granjas de contenidos son sitios que producen miles de textos superfluos para posicionarse en Google* con determinadas keywords (palabras claves) o que toman textos de otros sitios para beneficiarse de ellos y posicionarse.

En mi humilde opinión, aprobar un pingback realizado por una granja de contenidos es una opción que puede ayudarnos a obtener un enlace hacia nuestro sitio en un portal con un buen PageRank (calificación que Google otorga a los sitios de acuerdo a diversos factores). En mi caso, uno de los sitios que enlazaba hacia mi post tenía un PR de 6, un puntaje bastante alto siendo que el PR de Google, Facebook y Outlook es 9.

Sin embargo, es preciso estar consciente del precio que se paga. Al aprobar un pingback como el que mencionaba estamos aprobando que otros se beneficien de nuestro trabajo, ya que todo lo que hagamos para posicionar nuestro post será aprovechado por quienes enlazan hacia lo que hemos escrito.

Además debemos considerar la valoración que Google hace del sitio que enlaza hacia nosotros para evaluar el efecto que puede tener. Para decirlo de algún modo, corremos el riesgo de ser juzgados por nuestras amistades.

¿Qué queremos que nuestros lectores lean?

Otro problema de aprobar un pingback de dudosa procedencia es que los lectores de nuestro blog pueden ver el enlace. ¿Queremos que nuestros visitantes nos asocien con un sitio que se dedica a robar posts para posicionarse? ¿Queremos que nos identifiquen con un sitio que no ofrece nada original o interesante?

Lo ideal es fomentar la publicación de enlaces únicamente hacia y desde sitios que aporten algo a nuestros lectores y que enriquezcan su experiencia de navegación en la red. De otra manera estamos ingresando a un “mercado” que puede mostrar rápidamente su costado más oscuro, cuya primera manifestación es el tan temido spam.

Más adelante ahondaré sobre por qué es tan importante crear contenido original e interesante (algo más que este blog, seguro), pero ahora me tengo que ir a ver quién está hablando de mí. Y dónde.

Hasta la vuelta.

*Menciono únicamente Google porque es el buscador más utilizado y el que marca tendencia, si bien hay muchos otros motores de búsqueda.

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2 pensamientos en “Pingbacks y trackbacks: cuando alguien habla de nosotros

  1. Pingback: Visitas, intenciones y palabras. ¿Cuánto cabe en un blog? | Pablo Tassani

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