Correr y pensar

Esta semana empecé a correr. No es la primera vez que tomo la decisión de hacer actividad física, pero sí la primera que tomo en cuenta algunas variables para tratar de que no sea un proyecto pasajero. Algo así como lo que tengo en mente para este blog.

La última vez que quise hacerme el deportista lanzándome a las calles para gastar suela fue en 2007. Ya para entonces llevaba un par de años sin hacer más ejercicio que algún partido ocasional de fútbol 5 con los amigos. El desarrollo de aquella aventura fue catastrófico y mis intenciones se vieron frustradas al cabo de un par de semanas.

Hoy, mirando hacia atrás, reconozco que cometí algunos errores que quisiera no repetir.  El principal fue haberme precipitado a correr sin plan alguno, como si el solo hecho de sudar como un desquiciado fuera suficiente para estar en forma. Eso sí: en aquel intento vislumbré algunas virtudes del deporte, que me han llevado a intentarlo otra vez.

Decidí iniciar esta nueva etapa de otra manera y para ello me organicé. Busqué un programa de entrenamiento que considerara acorde a mi realidad y lo encontré: un sencillo plan dirigido a principiantes o personas que quieran retomar la actividad física, y cuya finalidad es ser capaz de trotar durante 40 minutos al cabo de 10 semanas.

Dos sesiones de entrenamiento y tres días de intenso dolor muscular me hicieron entender algunas cosas básicas, que pueden aplicarse en varios ámbitos de la vida cotidiana.

La importancia de tener un plan

Como he dicho, mi intento anterior de convertirme en un atleta fracasó estrepitosamente, en gran medida por mi falta de previsión. Si en el primer día logré completar 1/2 kilómetro con éxito, al cabo de dos semanas no podía correr 200 metros sin ver la luz al final del túnel, con Víctor Sueiro y todo (algunas sobredosis de Conozca Más y la ausencia de cable en mi vida me negaron la presencia de Jennifer Love Hewitt en dichas alucinaciones).

Mi plan de entrenamiento actual es muy sencillo: se intercalan series de caminatas con series de trote ligero y se van modificando los tiempos semana a semana hasta que el trote sea la actividad principal.

Contar con un plan me ha permitido tres cosas:

  • Establecer un objetivo final
  • Determinar metas intermedias
  • Fijar plazos para cumplir con el objetivo y las metas

Cualquier estudiante de Administración puede repetir estos puntos mientras silba y come gofio, pero para mí (que ya los conocía pero los había enterrado en lo más profundo de mi memoria, aún por debajo de las baladas de Natalia Oreiro) volver a ponerme en marcha fue algo que los hizo presentarse de forma muy clara.

Si tener un plan se ha mostrado hasta el momento como una elección acertada, el ejecutarlo puso de manifiesto otras cosas.

Evaluación y adaptación

Al elegir un plan de entrenamiento y ponerlo en práctica, olvidé que había algunos detalles que debía atender. Obvié dos puntos básicos como conseguir un cronómetro o un reloj adecuado para medir los tiempos y calentar  antes de comenzar a ejercitar.

A falta de cronómetro, decidí recurrir a mi teléfono celular. Sí, además de permitir hacer y recibir llamadas, reproducir música y tomar fotos, mi teléfono tiene un hermoso cronómetro que se reveló absolutamente inútil al momento de utilizarlo. La falta de un bolsillo capaz de alojarlo junto con las llaves de casa conspiró contra mi idea inicial (esto también se reveló como un gran fallo de planificación) .

Si bien el tema del cronómetro me hizo ver que mi idea tenía algunos inconvenientes de ejecución, pasó a un segundo plano al día siguiente cuando un dolor intenso -que invadió hasta la rincón más recóndito e ignorado de mi anatomía toda- me llevó a reconsiderar mi renovado espíritu deportivo.

Al analizar las causas de mi exagerado dolor, la primer respuesta lógica fue :”Claro, es natural que te duela si salís a ejercitar después de CINCO AÑOS EN QUE TU IDEA DE DEPORTE ESTUVO LIMITADA A CAMINAR HASTA EL ALMACÉN CADA VEZ QUE LA HELADERA SE VACIABA”. Sin embargo, luché e ignoré esta respuesta complaciente, y entendí que no había calentado adecuadamente antes de aventurarme a la calle.

Antes de mi segunda sesión de entrenamiento me tomé algunos minutos para estirar y calentar los músculos y puedo asegurar que estoy en mejor estado que hace 48 horas.

¿Qué aprendí de estas nimiedades?

  • Prever hasta el más pequeño detalle
  • Evaluar los resultados
  • Comparar los resultados con las metas fijadas
  • Tomar acciones correctivas

De nuevo: nada que una persona con nociones básicas de Administración no pueda decir mientras juega al elástico y recita trabalenguas en jeringoso, pero algo iluminador para mi persona.

La importancia de la decisión y la perseverancia

Más allá de estas pequeñeces administrativas, hay una cosa que me ha resultado particularmente impactante y es el poder de la decisión.

En esta nueva etapa de mi vida tengo el tiempo suficiente para salir a correr y sentarme a escribir este blog; sin embargo, lo que más rescato es haber tomado la decisión de hacer ambas cosas.

¿Alguna vez sentiste la necesidad de hacer algo? ¿Lo hiciste? ¿Diste el primer paso? ¿Y el segundo?

Si el día de mi primer sesión de entrenamiento valoré mi decisión para vestirme, prepararme y salir a correr, el día de mi segunda salida valoré la perseverancia para continuar. Reconocí la importancia de perseverar para salir y enfrentar el calor, la gente, las viejas, las baldosas flojas, la ausencia de espacios adecuados para el running, los conductores doblando sin señales, las miradas burlonas de los hamburguesados y muchas otras cosas que inundan cualquier ciudad tercermundista.

Quizás te preguntes por qué hablo tanto del entrenamiento cuando apenas salí a correr dos veces, o te cuestiones qué tantas enseñanzas puedo haber obtenido en menos de una semana. Para mí, hay cosas que vamos madurando en nuestro interior y un día, así nomás, de sopetón, se te plantan enfrente y te dicen: “Acá estoy y ahora que me viste ya no vas a ser igual, a menos que quieras seguir siendo el mismo pusilánime de siempre. ¡Cobarde, gallina! ¡Cocó, cococó, cocó, cocó! ¡Seguime!”.

Yo estoy eligiendo seguir esas cosas. Espero que, así, este experimento continúe.

Hasta la vuelta.

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